sí

jueves, 22 de enero de 2015

Tiempo para todo

A veces, me encantaría enamorarme; otras no. A veces quisiera sentir que estoy al borde de perder la cabeza, sin poder dormir pensando en cómo debería hablar o comportarme; imaginar las innumerables escenas de nuestras vidas en lugares hermosos; sentir que la única cura milagrosa de mis tristezas sea oír su voz; reír juntos carcajadas; saber que nuestra mutua compañía es lo que más anhelamos; hablar con los silencios y miradas; contemplar como bobos una estrella o una nube con forma graciosa... Escribirnos cartas.
 A veces quisiera soñar que me enamoro de alguien, pero los sueños tienen voluntad propia. 
A veces quisiera que aparecieses.... y otras veces la realidad se presenta implacable frente a mí y me permite ver lo bien que estoy conmigo, con mi presente; que no me falta nada, que estoy en un camino llamado aprendizaje; que aún tengo pocos años; que aún debo conocerme y crecer; que si aun no logro conocerte, que si no estás a mi lado, es porque aún ni tu y yo estamos listos.

A veces quisiera enamorarme y otras veces no, porque si estuvieses hoy, puede que  nuestro presente sea  estruendoso, porque nos falta crecer  y todo, todo... por impacientes.

Aunque... si reflexiono esto ahora, quiere decir que no estoy esperando como corresponde. La espera se vuelve enfermedad cuando lastima, cuando permites que en ti entre  la impaciencia al querer obtener algo ya, ahora, en tú tiempo. Si fuese así, ¿Para qué esperar, entonces?

Esperar debe ser una actitud que involucre vivir en paz, tranquilidad, haciendo lo que haces comúnmente... confiando en que lo que deseas llegará en su tiempo. La idea, es que la sorpresa llegue y no la frenes con arrebatos.